En el trayecto a casa, Lena iba en silencio, sumergida en sus emociones. Apenas sintió que el carro se estacionaba, salió de él y cruzó la puerta principal sin mirar a nadie, dirigiéndose directamente a su habitación. Al entrar se dejó caer en la cama, y el llanto, contenido en su alma, se desató como una tormenta.
De repente, su teléfono sonó. Había lanzado su cartera a un lado de la cama. Estiró su mano al ver en la pantalla una videollamada y, al reconocer de quién se trataba, activó solo la