Después de estacionar el auto, Bruno avanzó hacia el edificio con pasos lentos. Cruzó la entrada y saludo con amabilidad al portero, tomó el ascensor y ascendió hasta el pent-house. Al abrir la puerta, el frío lo envolvió con una crudeza que le cortó la respiración.
Avanzo hacia el interior. El lugar olía a limpio. Brenda seguía viniendo cada semana, fiel a su rutina, y limpiaba todo excepto la habitación de Lena. Bruno subió las escaleras y, al abrir la puerta del dormitorio de su esposa, miró