Capítulo ochenta y uno 81

Él se acercó un poco más. Ella pudo identificar el aroma de su colonia: una mezcla de limón endulzado con miel y madera. Soltó un largo suspiro para que no la afectara, pero no podía negar que era delicioso.

—Me preguntaste si éramos novios. Esto es real, Gema —explicó, con voz grave y serena—. Yo sí tengo claro lo que quiero de ti, doctora. Y, analizando nuestros encuentros, puedo confesarte que me gustas mucho.

Ella entrecerró los ojos, estudiándolo con recelo. Podía ver su aura llena de arro
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