La luz de la tarde se filtraba por la ventana, iluminando el rostro concentrado de Lena, que estaba absorta en su conversación. Al otro lado de la línea telefónica, la voz de Pavel era inusualmente cálida.
—Estoy fascinado con esa mujer, Lena. De verdad, me gusta mucho tu amiga —confesó. Sus palabras estaban llenas de emoción.
—Me alegra mucho escucharte decir eso, mi montaña rusa. —Una oleada de alegría pura e inesperada iluminó su rostro, mientras una sonrisa amplia y genuina se dibujaba en