Dante
Cuando finalmente terminé de comer, esperé media hora antes de levantarme. De reojo, vi a Antonella. Estaba absorta, la mirada perdida entre algunas parejas que reían en otras mesas. Yo solo quería irme ya. No entendía qué hacía aún ahí, compartiendo mesa con una empleada. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué me había sentado con ella en primer lugar? Algo no estaba bien.
Tal vez era lástima.
La señora Loreta Guzmán me contó lo que Antonella había vivido… lo que le hicieron sus propios padres al ente