Antonella
Abrí los ojos con dificultad. Sentía los párpados pesados y el pitido constante de la máquina a mi lado me confirmó lo obvio, estaba internada en un hospital. Intenté incorporarme, impulsándome con los codos, pero una enfermera me detuvo con suavidad.
—Tranquila, señorita —me hablo con una voz serena—. No puede levantarse aún, esta débil y necesita reposo absoluto. Quédese tranquila.
—Es que… —balbuceé con la garganta seca— no tengo cómo pagar este hospital. No puedo quedarme.— Y era verdad, sabía que este hospital era una de las más caras en el país y quizá valia mas que mi salario.
—No se preocupe —respondió con una sonrisa amable—. Su estadía ya ha sido pagada. Solo debe quedarse en reposo hasta que el suero termine. Es importante que no se estrese ni se fatigue, eso causa estrés extremo.
Fruncí el ceño, confundida.
—¿Por qué? ¿Qué tengo?
—Tiene una amenaza de aborto — declara con seriedad—. Su cuello uterino estaba por abrirse. Necesita reposo absoluto y controlar sus em