Lyra
El sol de la tarde caía sobre la plaza central de la ciudadela, tiñendo las piedras de un naranja intenso, casi del color de las brasas. Me encontraba en el balcón principal, observando a mi manada. Había cientos de ellos: guerreros, artesanos, familias que habían lo abandonado todo para seguir el rastro de ceniza que dejamos al huir y ayudarnos a convertirlo en un hogar. El murmullo era constante, una mezcla de ansiedad tras el ataque en el Desfiladero y la incertidumbre de lo que vendría después de la gala de los Renard.
Kael estaba a mi espalda, una presencia sólida y silenciosa que me daba el calor necesario para no flaquear. Castian y Caelum estaban a mis flancos, con los brazos cruzados, sus miradas barriendo a la multitud con la seriedad de quienes saben que la guerra ya ha llamado a la puerta.
— ¡Pueblo del Sol Ceniza! —mi voz, potenciada por mi autoridad de Alpha, cortó el aire como un látigo—. Sé que hay miedo. Sé que el ataque de anoche ha despertado fantasmas que c