Lyra
El sol de la tarde caía sobre la plaza central de la ciudadela, tiñendo las piedras de un naranja intenso, casi del color de las brasas. Me encontraba en el balcón principal, observando a mi manada. Había cientos de ellos: guerreros, artesanos, familias que habían lo abandonado todo para seguir el rastro de ceniza que dejamos al huir y ayudarnos a convertirlo en un hogar. El murmullo era constante, una mezcla de ansiedad tras el ataque en el Desfiladero y la incertidumbre de lo que vendrí