Lyra
La habitación estaba sumida en una penumbra suave, rota únicamente por el resplandor de las brasas que aún crujían en la chimenea. Kael se había quedado dormido sentado en la silla junto a mi cama, con su mano grande y callosa rodeando la mía incluso en sueños. Lo observé durante lo que parecieron horas, trazando con la mirada las líneas de cansancio en su rostro y la cicatriz fresca en su sien. Mi Mate, mi roca.
El hombre que ayer era la Sombra de Acero lista para segar vidas, y hoy era