Lyra
El eco de los disparos aún vibraba en mis oídos cuando atravesamos las puertas de la ciudadela. El sol de la mañana hería mis ojos, demasiado brillante para la oscuridad que todavía sentía en las venas. Me bajé del vehículo de rescate con las piernas entumecidas, sintiendo el peso de la sangre seca sobre mi piel y el desgarro de mi vestido de gala, que ahora no era más que un trapo manchado de hollín.
Kael estaba a mi lado, su mano firme en mi cintura, actuando como el ancla que impedía