Lyra
El amanecer no trajo la paz que esperaba tras la noche en brazos de Kael en su lugar, el aire se volvió denso, cargado de un aroma a ozono y pergamino viejo que solo podía significar una cosa: el Gran Consejo de Alphas estaba a las puertas de mi ciudadela.
No eran solo mensajeros eran los siete líderes de las manadas más antiguas, los jueces del mundo licántropo, aquellos que decidían qué linajes prosperaban y cuáles se borraban de la historia.
Me vestí con una túnica de seda gris torme