Lyra
El amanecer no trajo la paz que esperaba tras la noche en brazos de Kael en su lugar, el aire se volvió denso, cargado de un aroma a ozono y pergamino viejo que solo podía significar una cosa: el Gran Consejo de Alphas estaba a las puertas de mi ciudadela.
No eran solo mensajeros eran los siete líderes de las manadas más antiguas, los jueces del mundo licántropo, aquellos que decidían qué linajes prosperaban y cuáles se borraban de la historia.
Me vestí con una túnica de seda gris tormenta, reforzada con cuero negro en los hombros.
No quería parecer una novia, ni una refugiada. Quería parecer la Alpha de los Sol Ceniza.
La reunión tuvo lugar en el Gran Salón de la Casa Alpha el ambiente era gélido. A un lado de la mesa de roble, se sentaban los siete ancianos, vestidos con sus mantos ceremoniales, sus rostros surcados por cicatrices de guerras que yo solo conocía por los libros al otro, estábamos nosotros: yo en el centro, con Castian y Caelum a mis costados como dos torres