Lyra
La mañana en la ciudadela siempre olía a pino y a tierra removida por las obras, un aroma que me llenaba de orgullo porque significaba progreso. Pero hoy, ese aire fresco se volvió pesado en el momento en que entró aquel sobre. Estaba sentada en mi escritorio, tratando de concentrarme en los informes de suministro, cuando el papel color crema con el sello de los Renard aterrizó frente a mí.
Sentí un vuelco en el estómago. Un espasmo de náusea que no era nuevo, pero que decidí ignorar una vez más, atribuyéndolo al estrés acumulado. Al abrir la invitación, el perfume a sándalo de Dorian ese aroma que antes me asfixiaba inundó mis sentidos. Era una invitación a la Gran Gala de Invierno. No era una fiesta; era una emboscada diplomática en su propio terreno.
— No nos quitarán el ojo de encima en toda la noche —la voz de Castian me sacó de mis pensamientos.
Levanté la vista y lo vi apoyado contra la ventana, observando el horizonte con esa mirada gris que siempre parecía estar bus