Kael
El aire de la sala de guerra era tan denso que casi podía saborear el resentimiento de los hombres frente a mí.
Castian y Caelum me observaban como si yo fuera una mancha de sangre en un altar sagrado. Durante dos meses, me había ganado su respeto profesional en el campo de entrenamiento, pero sabía que sus lobos aún gruñían cada vez que mi aroma se acercaba al de su hermana. Ellos no veían al hombre que entregó su fortuna; veían al hijo del monstruo que les arrebató su infancia.
Era el momento no podía seguir siendo el "aliado útil" que dormía en una cabaña de piedra mientras mi alma se desangraba por estar lejos de ella. Necesitaba que ellos supieran quién era yo ahora.
Di un paso adelante, sintiendo el peso de mi linaje como una losa de plomo sobre mis hombros. Bajé la cabeza, una postura que mi padre me habría castigado con la muerte por adoptar, pero frente a los hermanos de Lyra, era el único lenguaje de verdad que podía hablar.
— He esperado dos meses para este moment