Lyra
Dos meses. Sesenta días de sudor, de manos callosas y de noches apenas iluminadas por hogueras, habían obrado un milagro que desafiaba toda lógica. Me detuve en el balcón de la nueva Casa Alpha, una estructura de piedra negra y cuarzo que se alzaba sobre el risco más alto del valle. Desde aquí, la vista era sobrecogedora.
Lo que antes eran ruinas carbonizadas y cuevas húmedas se había transformado en una ciudadela vibrante. Habíamos reconstruido siguiendo los planos antiguos, pero mejorá