Kael
El eco de mis propias amenazas aún vibraba en las paredes de piedra del salón de guerra mientras caminaba por los pasillos sumidos en la penumbra, mis pasos, ahora calzados pero aún pesados, resonaban con una finalidad fúnebre. El barro bajo mis uñas y la sangre seca en mi rostro eran recordatorios físicos de la bestia que había liberado en el bosque, pero el frío que sentía en el pecho... eso era puramente humano.
Subí las escaleras hacia el ala este, el territorio de Lia.
Cada fibra d