Capitulo 39

Kael

​El reloj de la torre principal marcaba las tres de la mañana cuando mis pies, descalzos y cubiertos de una costra de barro y sangre seca, pisaron el mármol frío de la entrada de la mansión.

Los guardias de la puerta se quedaron petrificados.

Mi apariencia era la de un espectro: mi ropa estaba hecha jirones por la transformación salvaje, mi piel presentaba cortes de las zarzas y mis ojos seguían encendidos con el brillo dorado de un lobo que ha tocado fondo.

​Había vagado por el bosque d
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