La luz grisácea del amanecer comenzó a filtrarse por los bordes de la persiana cerrada, tiñendo la penumbra de la habitación. El único sonido ya no era solo el pitido rítmico del monitor, sino el sonido suave y profundo de dos personas respirando en sincronía.
Por primera vez en lo que pareció ser toda una vida, Luca Bellini durmió.
No fue el sueño agitado y ligero del estratega en un hotel de lujo, ni e