El trayecto hacia la Clínica Villa del Sole fue un borrón de luces de neón y sirenas. En el asiento trasero del Bentley, Luca sostenía a Amelia como si fuera un cristal a punto de estallar. Con una mano temblorosa, marcó el número directo de la Dra. Valenti.
—Dottoressa, Amelia è svenuta. Ha avuto un crollo, la pressione era altissima (Doctora, Amelia se ha desmayado. Ha tenido un colapso, la presión estaba altísima) —dijo Luca, su voz quebrada por el pánico—. Stiamo arrivando. Per favore, sa