La sala de juntas de Bellini Holdings se había transformado en un escenario de degradación y poder. El aire, que habitualmente olía a decisiones corporativas de alto nivel, ahora estaba saturado por el aroma a sándalo y seda de Li-Na, mezclado con el olor crudo del sexo y la desesperación. Luca sentía que las paredes, decoradas con obras de arte invaluables, lo juzgaban mientras el placer físico, traicionero y animal, terminaba de demoler los restos de su voluntad.
Li-Na lo tenía atrapado en un