Hospital ABC, Ciudad de México - Esa misma tarde.
El sol se ponía, tiñendo de naranja la habitación de Guillermo. La catarsis de la mañana, la lectura de las cartas y la confesión de Luca, había dado paso a un silencio agotado. Emilio había regresado de Toluca hacía horas, su mente era un caos de imágenes: la incubadora, los ojos azul-verdosos de su hijo, la cara rota de Lombardi y la expresión calculadora de Luca.
Memo se despertó de una siesta ligera. Vio a Emilio sentado junto a la ventana,