POV. Amelia
La puerta entreabierta dejaba ver una franja de luz tenue. Empujé la pesada puerta de madera y entré.
Arthur estaba de pie, frente a la inmensa biblioteca que cubría una de las paredes, revisando los títulos con indiferencia. No se giró cuando entré. El reloj de cucú sobre el escritorio marcó las horas con un tictac agonizante.
—Cierre la puerta, Amelia —dijo sin volver la cabeza.
Mis dedos temblaron al girar el cerrojo. El clic metálico sonó como un disparo en la habitación sil