El murmullo de la casa había cambiado.
No era el silencio solemne de los días anteriores, ese que permitía que cada pensamiento retumbara con claridad en mi cabeza. Ahora había un ritmo distinto: voces bajas que se entrelazaban con pasos medidos, el roce constante de telas y el tintineo de objetos que alguien acomodaba con cuidado.
Desde mi habitación podía percibirlo todo, como si las paredes mismas transmitieran la tensión que flotaba en el aire. Me apoyé en el marco de la ventana, tratando d