Respiré hondo antes de volver a la mesa. Mis manos aún temblaban, pero logré ocultarlo al alisar la falda. Volver a sentarme frente a ellos era como forzarme a mirar una herida abierta.
Lucía reía por alguna tontería mientras jugueteaba con su tenedor. Adrián la observaba con atención, complacido, como si el mundo girara alrededor de ella.
Nadie notó mi regreso, ni el temblor en mis labios. Era como si fuera invisible, como siempre lo había sido desde que “ella” apareció.
Cuando la comida lle