Con discreción, saqué mi celular de la bolsa. Necesitaba tener cada palabra grabada. Ellos mismos cavarían su tumba.
Mantuve mi expresión serena, casi indiferente, como quien escucha hablar del clima. Aquello pareció desconcertarlos. Lucía se mordía el labio inferior, nerviosa, esperando que gritara, que me negara… pero no. Ahí estaba yo, imperturbable.
—Adri… te lo dije. Sofía no aceptará esta idea. Será mejor que me vaya —su voz salió entrecortada, y sus ojos brillaron con lágrimas perfectame