Los murmullos crecieron a nuestro alrededor mientras mi mirada permanecía fija en los ojos de Lucía. Podía ver el miedo y la desesperación en ellos, el terror al darse cuenta de que la tenía acorralada, de que la iba a exponer frente a todos y su pequeño juego de manipulación llegaría a su fin. Adrián parecía notar el estado de su querida Lucía, aunque quizá solo lo atribuía al miedo de creer que yo estaba enojada con ella. Qué iluso. Qué ciego había sido siempre.
—Entonces —dije, alzando un po