Los días transcurrieron entre falsos cuidados y fingidas lágrimas. Freya, con su aspecto pálido y vulnerable, no tardó en declarar que su salud había mejorado. Los sanadores, convencidos —o manipulados—, dieron su aprobación. El Consejo, ansioso por proteger el linaje, no perdió más tiempo. Ordenaron que la ceremonia debía celebrarse sin más demoras.
Los sirvientes comenzaron a moverse, los anuncios se enviaron a cada territorio aliado y el castillo volvió a llenarse de los aromas festivos de u