No podía quedarme al margen mientras en nuestro territorio se libraba una feroz batalla. Enzo me había pedido encontrar un lugar seguro, pero yo solo quería estar con ellos, junto a él, y demostrar por fin todo lo que había aprendido.
Subí rápidamente a una de las terrazas del Castillo de la Manada de las Sombras, desde donde se podía ver claramente cómo los guerreros de élite peleaban con intensidad para defender su territorio. Enzo lideraba la batalla con determinación.
—¡Mantengan la formaci