Luego de nuestra reconciliación, las cosas marcharon en forma inmejorable entre Madeleine y yo. Faltaba tan poco tiempo para nuestra ceremonia de apareamiento, pero a la vez esos días me resultaban eternos. Necesitaba tenerla entre mis brazos, consolidarnos de una buena vez como una pareja en su totalidad.
Esa mañana, Madeline recibía en el castillo su vestido de novia. Las omegas emocionadas le hicieron la entrega del paquete que había llegado directo de uno de los países más prominentes de nu