Leonardo se quedó paralizado frente al televisor. El cristal que tenía en la mano resbaló y se hizo añicos al caer al suelo mientras el rostro de Emilia llenaba la pantalla. No Elena. Emilia. Viva. Hablando con claridad. Segura de sí misma. Intocable.
"¿Qué demonios...?", susurró, con una opresión en el pecho al ver el eco de sus palabras en la habitación. Cada frase era como un golpe. Asesinato. Traición. Mentiras. Su nombre pronunciado con serena certeza, no histeria. No gritos de venganza. H