Emilia permaneció inmóvil junto al alto ventanal de su oficina, mientras las luces de la ciudad parpadeaban como luciérnagas inquietas. Sentía la tensión en el pecho, un pulso que se negaba a calmarse incluso después de terminar la conferencia de prensa. Su verdad había sido expuesta al mundo, su identidad restaurada, y con ella, el peso de todas las traiciones que había sufrido. Pero la última pieza de su plan —la única sombra que aún la amenazaba— era Isla. Esa mujer que había sido una espina