Apenas la luz de la mañana se filtraba por los altos ventanales de la mansión de Mateo cuando su mayordomo llamó suavemente a la puerta del estudio.
“Señor… pidió que le avisáramos en cuanto recibimos un mensaje de la Señora… de ella.”
Mateo levantó la cabeza bruscamente.
“¿Aterrizó?”
“Sí, señor. Su avión aterriza hoy a las 3 p. m..”
Mateo se levantó tan rápido que su silla rozó el suelo.
Una rara y brillante sonrisa, casi infantil, se extendió por su rostro habitualmente frío.
“Por fin”, murmu