Sí, maté a tus padres.
La risa de Leonardo llegó sin previo aviso, un sonido agudo y desagradable que no pertenecía al hombre que Emilia conocía. Le dio una bofetada tan fuerte que le ardió la mejilla y el coche se sacudió.
"Siempre te ves tan frágil cuando lloras", dijo con la voz iluminada por un placer enfermizo. "¿Sabes por qué intenté matarte la primera vez que nos casamos?"
Emilia abrió la boca, las palabras se le atascaron. Solo pudo mirarla fijamente.
"Porque estaba celoso", continuó, como si recitara una lec