La calma que siguió a la gala fue un espejismo, una capa de hielo delgada sobre un océano oscuro y violento.
Chloe se sumergió de nuevo en la rutina de la prometida, una farsa que se sentía más natural y, por tanto, más peligrosa cada día. Los preparativos de la boda avanzaban con una velocidad aterradora.
Thomas era un director de orquesta impecable, mantenía todo bajo control mientras se ocupaba de organizar todo, desde la lista de invitados hasta el menú. Todo con el mismo dominio elegante