La luz blanca y fría de la pantalla iluminó el rostro de Thomas, una expresión seria que no reflejaba la más mínima grieta emocional, manteniendo la fachada de control que jamás abandonaba. Sus ojos, del color del hielo pulido, examinaban el sistema de seguridad de su imperio, un laberinto tecnológico que, según él, era impenetrable.
Sentada en su regazo, Chloe mantenía su sonrisa, el cuerpo apoyado contra él con una dulzura medida, como un velo de seda que cubría la hoja afilada de su venganz