—Brendan…
El aire del pequeño cuarto se cargó de tensión y de la fragancia masculina tan adictiva de Brendan. El calor de su cuerpo era una pared que la aprisionaba contra el frío del muro. Sentía la intensidad brutal de sus ojos azules clavados en ella.
Este encierro forzado no era más que una trampa bajo una máscara de seducción.
—Necesitaba hablar contigo… a solas —la voz de Brendan era grave, profunda, con una aspereza contenida que era el eco de su frustración acumulada—. Y ya que huyes de