Esa noche, Chloe dió vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. Los recuerdos de lo ocurrido en la bodega la perseguían en medio del silencio y la penumbra que envolvían su habitación.
Aún podía sentir el beso de Thomas, la invasión disfrazada de ternura, la presión en su cintura. Había respondido, porque debía hacerlo, porque la máscara era su única arma, pero cada segundo había dejado una marca en su pecho.
El beso rondaba en su mente como un espectro que no quería irse. Cada vez qu