La mañana en la oficina transcurría con la calma aparente de cualquier otra jornada. Los relojes marcaban su paso inalterable, las teclas sonaban a lo lejos y el murmullo de los pasillos parecía un río constante que nunca cesaba.
Chloe, sin embargo, apenas escuchaba aquel rumor cotidiano. Su mente estaba atrapada en otro cauce, uno más oscuro, donde cada pensamiento giraba alrededor de los archivos a los que no había podido acceder.
Los recordaba con nitidez. Carpetas antiguas, protegidas por