El reloj de pared marcaba las nueve de la noche y el edificio comenzaba a vaciarse. El murmullo constante de teclas y pasos que acompañaba la rutina diaria se apagaba poco a poco, dejando en los pasillos un eco silencioso, casi solemne.
Chloe permanecía en su oficina, inclinada sobre un montón de documentos. La lámpara encendida contrastaba con la oscuridad creciente del exterior. Sabía que estaba siendo observada. No con los ojos directos de alguien en ese momento, sino con la atención invisib