Thomas observaba la escena desde el marco de la puerta, tenía una postura serena y las manos en los bolsillos de su pantalón, incluso su tono había sido casual, pero tras aquella aparente calma se escondían pensamientos calculadores a los que rara vez se les escapaba un detalle.
Y Brendan lo sabía. Thomas Davenport tenía el mismo instinto calculador que un despiadado depredador. Como los demás empresarios que alcanzaron la cima enterrando secretos en el camino.
Poseía el instinto de un tiburón,