68. Recaída
Kaien no dejó de pensar durante todo el trayecto de regreso en lo que le había dicho su suegro. De reojo, miró a su esposa, que permanecía absorta contemplando el paisaje por la ventanilla del auto. Bajó la mirada de su rostro hacia su abdomen, imaginando cómo se vería si estuviera hinchado. ¿Un niño? ¿Una niña? ¿Gemelos... o mellizos?
—¿Kaien? —preguntó Medea, sacándolo de sus pensamientos al notar su mirada fija—. ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?
—¿Así cómo?
—No lo sé… estás raro desde que s