63. Me llevo a mi hija
Elian conducía con los nervios de punta. Las manos todavía le temblaban, manchadas con restos de la sangre de Rogelio. ¿Estaría muerto? La pregunta lo perseguía junto con el temor de que lo vincularan al intento de asesinato. Todo se había salido de control. Sus planes de llevarse a Medea estaban arruinados, y lo peor era que seguramente ella ya sospechaba de él.
Aparcó frente al edificio y subió a toda prisa al apartamento de Saphira. Esa mujer tenía que explicarle muchas cosas. ¿Cómo que habí