50. Propuesta de matrimonio
Kaien se duchaba en su baño mientras el vapor lo envolvía todo. Su cuerpo estaba ahí, pero su mente en otro lugar: en Medea. ¿Por qué no había podido dejar de pensar en ella? Desde aquel beso, su curiosidad —o más bien, ese deseo que en el fondo sentía por ella como mujer— se había encendido como una cerilla.
Golpeó la pared cuando sus músculos se tensaron, y su mano, firme y decidida, se movió con rapidez sobre aquella base gruesa hasta hacerlo alcanzar el clímax. Era una locura que, en un mom