6. Accidente intencional
Una vez lista, gracias a la ayuda de Rogelio, Medea salió de la habitación apoyándose en su bastón. Le resultaba difícil caminar por el dolor persistente entre sus piernas, pero lo disimuló lo mejor que pudo. Esa pequeña chispa de resentimiento seguía encendida, oculta tras un rostro sereno.
—¡Mami! —La voz de su hija la sorprendió al bajar las escaleras. De inmediato se tensó.
Su corazón comenzó a latir con mucha fuerza. El miedo volvió a instalarse. Temía que Alin no fuera su hija. Temía aq