7. Fue mi hija
Un punzante dolor en la cabeza la obligó a abrir los ojos. Medea jadeó, sintiendo su cuerpo pesado y una punzada insoportable justo en el centro de los ojos.
Escuchaba pasos que iban y venían, pitidos de máquinas y, sobre todo, un desagradable olor a cloro y desinfectante que invadía sus fosas nasales.
Sacudió los párpados y enfocó el techo. Su corazón comenzó a latir con fuerza. La luz le resultaba dolorosa, pero lo que más la desconcertaba era no ver oscuridad, sino una claridad difusa y borr