34. Su esposa se fue
El dolor de cabeza que Elian sentía al día siguiente era brutal, como si le hubieran golpeado justo entre los ojos. Se incorporó con lentitud, soltando un gruñido mientras se frotaba las sienes.
De inmediato notó la ausencia del cuerpo a su lado. Medea no estaba, lo cual le resultó extraño: ella siempre era la última en levantarse, ya que necesitaba ayuda para arreglarse. Pensó que tal vez estaba en el baño, y con una sonrisa traviesa fue a buscarla. Sin embargo, su sorpresa aumentó al no encon