30. Cuarta en discordia
El trayecto de regreso transcurría en un silencio denso. Elian miraba por la ventanilla con la mandíbula apretada, mientras Medea permanecía a su lado, erguida, perdida en sus pensamientos.
—¿Ese tipo te tocó? —preguntó de pronto. Su voz rezumaba celos—. ¿Te dijo algo? ¿De qué hablaron?
—No entiendo por qué actuaste así, pero no me hizo nada —respondió ella, visiblemente molesta—. Fue respetuoso. ¿Por qué asumirías que me faltó al respeto? Apenas cruzamos palabra. Su cercanía fue más incómoda q