31. Infieles expuestos
Elian estaba en su habitación, visiblemente estresado mientras se preparaba para aquella maldita cena a la que, por obligación, debía asistir. ¿Por qué tenía que volver a ver la cara de ese imbécil? Todo por culpa de su madre. Nadie mejor que ella sabía por qué no quería cruzarse con él ni en pintura.
—Espero que todo salga bien, cielo —le dijo su esposa desde la cama—. Tal vez no sea tan importante. ¿Y si se trata de negocios?
—No lo sé, pero lo averiguaré —respondió Elian mientras se acercaba