29. Una extraña insinuación
—Ahora mismo me vas a decir qué pretendes, Romina —le recriminó Elian al oído—. ¿Te divierte hacer esto? Medea estaba a mi lado, maldita sea. ¿No te conté el problema que tuve con ella por tu culpa?
—El que debería reclamarte soy yo —contestó ella con furia—. Tanto que decías que era fea e inútil. Esta noche no vi nada de eso. Eres un mentiroso. Y cómo la protegías... todo preocupado. ¿Crees que soy estúpida?
—Es mi esposa —apretó la mandíbula, conteniéndose—. Es lógico que me muestre considera