28. Felices los cuatro
Después de media hora de trayecto, el auto finalmente se detuvo frente a su destino. Elian, impecable en su porte, descendió primero y abrió la puerta para su esposa, tomando con delicadeza su mano enguantada.
—¿Estás nerviosa? —le susurró, rodeando su cintura con naturalidad—. No te apartes de mí.
—Estoy bien —respondió con serenidad—. No es la primera vez que asisto a un evento siendo ciega.
Elian esbozó una sonrisa orgullosa antes de guiarla hacia el Beau-Rivage Genève, un hotel cinco estrel