17. Vengativa y astuta
—Y eso fue todo lo que dijo, señora —concluyó Luna, luego de relatarle a Medea todo lo que Saphira había confesado.
Medea esbozó una leve sonrisa. El descaro de esos dos seguía sorprendiéndola. Tenerle un apartamento a su amante, probablemente pagado con su propio dinero, ya era demasiado. Y eso sin contar las joyas, vestidos y demás caprichos.
—Ah, y otra cosa —añadió Luna de pronto—. En uno de los cajones de su habitación encontré un anillo idéntico al suyo, señora.
—¿Qué? —Medea frunció el c