16. Noche desastrosa
Elian observaba a Saphira ir y venir entre la cocina y la mesa, sirviendo los platos, mientras su hija aplaudía emocionada. Aun así, él seguía perdido en sus pensamientos desde que había salido de casa. Tal vez estaba exagerando. Medea estaría bien... siempre lo estaba.
—¡Papá! —el grito de Alin lo sacó de golpe de su ensimismamiento—. ¿Por qué no contestas?
—¿Qué? —la miró confundido—. ¿Me dijiste algo?
—Te pregunté si querías un poco de vino —intervino Saphira—. ¿En qué estás pensando en un m